Nuestro café nace en las montañas donde los Andes se encuentran con la selva peruana. Allí, pequeños productores cultivan café y cacao en sistemas agroforestales que conviven en equilibrio con la biodiversidad, incluido uno de sus guardianes naturales: el oso de anteojos.
En estas zonas de alta montaña, entre los 1,300 y 1,900 m s. n. m., el clima fresco, los suelos ricos y la sombra de los árboles generan un microclima ideal para el arábica de especialidad. Las familias cafetaleras cultivan respetando el ciclo natural de la tierra y protegiendo los bosques que hacen posible su sustento.
El oso de anteojos, especie emblemática de los bosques andinos, cumple un rol vital: dispersa semillas, mantiene la diversidad vegetal y ayuda a regenerar el bosque que da sombra al café y al cacao. Su presencia es un indicador de que el ecosistema está sano. Por eso, los productores con los que trabajamos promueven un cultivo que no solo es sostenible, sino que favorece la conservación del hábitat del oso y de muchas otras especies.
Cada grano se cosecha a mano, seleccionando solo los frutos maduros. El procesamiento es artesanal, y el tostado se desarrolla con precisión para resaltar los atributos naturales de cada lote: aroma limpio, cuerpo balanceado y notas que reflejan el terruño único de nuestras montañas.
Este café no solo tiene origen.
Tiene historia, biodiversidad y comunidad.
Es el resultado de una relación respetuosa entre las personas, la tierra y los guardianes del bosque, que juntos hacen posible un producto auténtico, consciente, lleno de vida y de energía.